
Pues yo lo que quiero es que el Ministerio de Igualdad español se convierta en el de desigualdad absoluta. Ni creo que hombres y mujeres sean iguales, ni quiero que lo sean nunca. Si se trata de que tengamos las mismas oportunidades ante, por ejemplo, un puesto de trabajo, ya tenemos el ministerio de trabajo. No creo que la violencia machista se solucione con un ministerio. Para eso está la policía y la justicia y, sobre todo, la educación que se recibe dentro del ámbito familiar. Mis hijos no entienden nada cuando escuchan conmigo una noticia sobre este asunto. Les parece inconcebible marcar diferencias por cuestión de sexo, de condición sexual, religiosa u otra cualquiera. En mi casa el único religioso soy yo. Y no pasa nada.
No quiero que las mujeres sean como yo. Ni quiero que hagan lo mismo que yo. Ni quiero un gobierno en el que, por narices, aparezcan hombres y mujeres a partes iguales. No me gusta la idea de una separación en la que, por narices también, la custodia de los niños sea cosa exclusiva de las madres. Deseo que las mujeres sean como tenga que ser, que hagan cosas con las que se sientan felices, un gobierno formado por los mejores sean hombres o mujeres, que la justicia no trate con el mismo rasero a todo lo que se mueve pensando que si un tío es un salvaje los demás lo pueden ser del mismo modo.
Ni somos iguales ni lo seremos nunca. Los niños y niñas lo saben. Y muchos adultos lo sabemos. Pues eso.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano
No quiero que las mujeres sean como yo. Ni quiero que hagan lo mismo que yo. Ni quiero un gobierno en el que, por narices, aparezcan hombres y mujeres a partes iguales. No me gusta la idea de una separación en la que, por narices también, la custodia de los niños sea cosa exclusiva de las madres. Deseo que las mujeres sean como tenga que ser, que hagan cosas con las que se sientan felices, un gobierno formado por los mejores sean hombres o mujeres, que la justicia no trate con el mismo rasero a todo lo que se mueve pensando que si un tío es un salvaje los demás lo pueden ser del mismo modo.
Ni somos iguales ni lo seremos nunca. Los niños y niñas lo saben. Y muchos adultos lo sabemos. Pues eso.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


