
- Ave María Purísima.
- Sin pecado concebida. Dime hija, ¿de qué te acusas?
- De fornicar con el cura.
- ¿Te parece bonito ponerme en evidencia en la casa de Dios? Diez padres nuestros.
- Pues nada, confieso que digo palabrotas. Y tú ¿no te acusas de nada, mamonazo?
- Quince. Y media docena de ave marías. Además de pecadora eres una descarada.
- Esta noche te va a calentar la cama tu madre.
- Ay, hija, te pones imposible. Reza un par de oraciones. Las que más te gusten. A Dios no le gustan estos conflictos. Dios, Padre misericordioso,
que reconcilió consigo al mundo
por la muerte y la resurrección de su Hijo
y derramó el Espíritu Santo
para la remisión de los pecados,
te conceda, por el ministerio de la Iglesia,
el perdón y la paz.
Y yo te absuelvo de tus pecados
en el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
- Tú eres tonto.
- Hago mi trabajo. Lo mejor que puedo.
- Qué bien. A ver si pones el mismo interés esta noche, anormal.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


