5/5/07

Nunca al revés


Conocemos a alguien y nos parece una persona estupenda, amable, divertida y adorable. Pasado un tiempo se produce un conflicto entre ambos y nos preguntamos qué ha podido pasar, cómo ha sido posible un cambio tan brusco en el de enfrente, cómo no nos hemos dado cuenta antes de la verdad. Nunca, nunca, nos preguntamos qué nos ha podido pasar a nosotros, qué tipo de cambio hemos sufrido en ese tiempo o cómo no hemos sabido contener nuestro peor defecto ante el otro. Eso jamás lo hacemos. 
Es una cuestión de supervivencia. Queremos seguir caminando en línea recta, con la cabeza sobre los hombros y la vergüenza inmaculada.
Conocemos a alguien y vamos apartando sus gestos molestos, esas actitudes que no gustan para poder continuar creyendo que existen personas con las que podemos contar, que la fortuna nos ha sonreído colocando en nuestro camino a ese hombre o esa mujer que estaban llamados a compartir buena parte de nuestra vida. No queremos ver lo que impide una ilusión perpetua del ser humano que rara vez se ve satisfecha. Damos forma a figuras a las que nunca vemos la espalda. Sólo las giramos cuando se produce un conflicto. Cosas del instinto de supervivencia. Si nos vemos en peligro damos la vuelta a esa figura perfecta para encontrar la zona menos pulida, la que sirve para destrozar un recuerdo y hacernos fuertes ante el choque.
Qué gran mentira nos contamos para salir adelante. Esa trasera siempre estuvo aunque preferimos no prestar atención.
Pero damos la vuelta a la figura y decimos adiós para siempre. Sin preguntarnos sobre nosotros mismos, sobre nuestra parte de atrás. Esa que nosotros escondemos y muchos no quieren mirar por no quedarse solos, por sobrevivir.
El que fue tu amigo y ahora se aleja metido en un álbum de fotografías era un tipo que hubiera dado lo que fuera por ti, pero ahora queda en el recuerdo como un hombre extraño, alguien lleno de manías inaguantables. Es la única forma de soportar su pérdida. La que fue tu mujer cuidaba de ti en cualquier situación, te quiso como nadie ha querido a un hombre. Ahora se ha convertido en una egoísta y no comprendes cómo no fuiste capaz de verlo con claridad. O crees eso o estás muerto.
Pero nunca nos preguntamos sobre nuestros cambios, nuestras rarezas o nuestras miserias. Mejor dejar nuestra imagen del derecho, no mirar el negativo de la fotografía. Si queremos vivir es imprescindible.

No hay comentarios: