23/4/09

Mirarnos


Una forma de conocimiento es la despedida. O la falta. O la ausencia. O como quieran llamarlo.
El día que salimos de viaje para estar durante los siguientes años en un país lejano, nos fijamos en esa figura de porcelana que siempre ha estado allí, en el arbolito del jardín que ha crecido tanto, en lo blanco de las paredes o en el olor a comida. Llegamos al destino y encontramos la ropa perfectamente planchada en la maleta, un libro envuelto que nos dejó sin decir nada con una carta que habla de nosotros. Nos sentamos a descansar y pensamos. Poco antes discutíamos por esto o aquello, el arbolito siempre estuvo y no reparaba en él, no huele a nada que sea conocido. Y sabemos porque eso se convierte en símbolo (ya lo era antes aunque lo simbólico no cuenta casi nunca), adquiere un significado que hasta ahora era desconocido.
Aprendemos y conocemos porque la ausencia nos obliga a pensar las cosas. A pensarlas más allá de lo que se ve, más allá de lo que nos enseñan a simple vista.
He llegado al convencimiento de que conocer es conocernos. Sin volver la vista hacia nosotros mismos nada tiene sentido. ¿De qué sirve dominar la física nuclear a cambio de no ser lo que nos toca? Y eso no puede llegar a través de los sentidos. Oler o ver la cáscara de las cosas nos niega saber qué es lo que tenemos delante. La superficie nunca mostró nada importante. Miramos dentro y encontramos todo lo que somos. Todo lo que es el mundo.
Conocer no es exclusivo de fórmulas matemáticas. Ni de filosofías. Ni de religiones o dioses. Conocer es la suma de todo lo que el hombre es. Conocer es mirar. Tan dentro como sea posible de las cosas. De nosotros mismos.
© Del texto: Gabriel Ramírez Lozano

5 comentarios:

araceli dijo...

Y a lo peor la superficie estaba pintada, y si rascas un poco, ni siquiera es lo que veias.Dificil ejercicio, el de mirar dentro de nosotros mismos, hasta el fondo, hay que ser valiente, pero no hay otro modo

Wara dijo...

Es la diferencia entre ver y mirar, entre oír y escuchar. No siempre captamos los matices.

Tema recurrente en poesía... ¿Por una mirada un mundo como un reino por un caballo?

¡Buenas noches!

Ginebra dijo...

Mirar. Y cerrar los ojos también, que es cierto que muchas veces no tenemos conciencia de nuestros conocimientos y necesitamos la ausencia para darnos cuenta de ellos.

Carmen Neke dijo...

No saber es no vivir. No saber quiénes son los otros, y no saber quién es uno mismo. Hay que mirar, escuchar, probar, y penetrar más allá de la superficie para ver qué hay detrás del espejo que nos ponen por delante.

La ausencia te da la perspectiva necesaria para apreciar lo que no eres capaz de ver por ser demasiado cotidiano. El regreso es el momento del reconocimiento y la aceptación. Por eso es tan terrible la ausencia sin regreso, porque sin regreso ese conocimiento llega demasiado tarde.

POPY dijo...

Hola G.
A veces me he visto más, me he conocido más lejos de donde me crié. A veces la sobre protección o la indiferencia no te deja mirar como debes. Distorsionas lo que de verdad te mueve.

Un abrazo.
Ah! Trataré de mirar esos precipicios de frente...Gracias.