
Hay asuntos sobre los que procuro no hablar. Me parece que la prudencia debe estar por encima de opiniones, casi siempre viscerales, acerca de, por ejemplo, el aborto o las creencias religiosas de los otros.
Decir “estoy a favor del aborto” o “el aborto es un crimen” es lo mismo que no decir nada. Decir “Dios existe, lo sé porque tengo fe” o “Dios es una patraña inventada por el hombre para no sentir terror ante la muerte” es hablar por hablar y, seguramente, sin saber bien lo que uno dice. Abortar es una tragedia humana; de Dios no se puede hablar sin saber que hay que hacerlo desde lo más profundo del hombre (de lo humano que tenemos todos). Cada cual que diga lo que quiera, se engañe como quiera, tranquilice su pensar como quiera o acierte si es que eso es posible.
El caso es que me hago preguntas que me llevan a otras mucho más difíciles de contestar.
Una muchacha de dieciséis años, ¿es capaz de decidir (a solas) sobre un asunto tan importante? ¿No será necesario que los padres intervengan? ¿No va siendo hora de tratar este asunto como una tragedia personal y no como un pecado mortal que te arrastra lejos de la ética y la moral? ¿Dónde se encuentra el límite (si es que lo hay) entre lo que es una personita y lo que llamamos feto para evitar referirnos a un ser vivo de forma clara? ¿Es este el camino correcto para evitar que una mujer joven tenga que pasar un calvario de esa magnitud? ¿Nos estamos haciendo los muertos y nos dedicamos (sólo) a opinar después de cenar con los amigos o estamos realmente involucrados en el asunto?
Todas estas preguntas llevan a otras mucho más difíciles. Yo no sabría contestar ni una sola de ellas sin que, al mismo tiempo, me asaltaran dudas sobre lo dicho. Los políticos me temo que tampoco. Ni los curas que agarran la teología para convertirla en derecho canónico (eso es matar una religión).
Por esa misma razón, me irrita la contestación que se ha puesto de moda. Cada uno que haga lo que quiera. Eso es una idiotez. Es como si discutiéramos sobre los timos, la piratería informática, la pena de muerte o un crimen y dijéramos “nada, nada, cada cual que haga lo que crea que debe hacer”. Las cosas nunca funcionaron así.
Cuando me preguntan si puedo explicar lo que es Dios suelo contestar que eso es imposible, y que si alguien lo intenta es que no lo sabe ni lo que dice, y que si te crees a Dios porque alguien te lo ha explicado mal asunto. Es decir, no contesto. Creo que es lo mejor. Y les garantizo que tengo bastante claro el tema. No hace falta decir que imponer a Dios me parece lo más lamentable que le puede ocurrir a cualquiera de nosotros. Tanto como negarle la posibilidad de acercarse a la religión.
Quizás ha llegado el momento de pensar y escuchar a los que saben, a los de un lado y a los del otro, aunque sea poco lo que digan o se limiten a no contestar salvo con una pregunta (que, por otra parte, es una muy buena forma de hacerlo). Pensar y escuchar. Dejar de buscar votos con asuntos tan serios o de negar la posibilidad de salvaciones eternas con la vida resuelta a base de potenciar el miedo de los demás.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano


7 comentarios:
Hola G.
El tema que tratas es del todo muy complicado. No sabría qué decir. Pero no sé por qué me ha venido a la cabeza la película CAMINO de Fesser. Lloré, me retorcí de principio a fin pero luego sentí una gran paz pues el mensaje final, el que capté fue que el amor es lo que de verdad mueve, conmueve, alivia, confunde...y te hace vivir.
Eso responde a todas las dudas que me surgen que son miles pues cada vez entiendo menos al mundo en el que vivimos.
Un abrazo.
Está claro que hay unos cuantos temas sobre los que el sentido común nos aconseja callar, pero habiéndose asentado como verdad poco menos que absoluta entre el común de los mortales la idea del yo por encima de todo, ¿sería realmente prudente hacerlo o sólo más cómodo?
Imponer determinados puntos de vista a los demás siempre es un error, se trate del tema que se trate. La postura más ética y consecuente sobre el aborto que he visto nunca fue la del doctor Wilbur Larch en "Prícipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra". Pero esto, claro está, no es más que mi punto de vista personal
¿Que cada cual haga lo que quiera? Ay, me parece que todos firmaríamos hoy mismo por no tener que tomar nunca una decisión de ese calibre. El hecho de abortar siempre es el mismo, pero no las circunstancias ¿ponemos el límite en la justificación, tal vez? ¿Qué diferencia hay entre el embarazo de una chica de diceciseis años, y el de una mujer madura con alto riesgo? ¿Que hagan lo que quieran? Yo diría que hagan lo que puedan.
la moda es mirar para otro lado... por lo general, cuando uno tiene un problema de esa magnitud se encuentra solo... hasta los propios padres se ponen en contra.
Que tema tan peliagudo. Me pregunto porque el Estado da el derecho a una criatura de dieciséis años, a tomar una decisión tan importante, para su vida, comoes un aborto, negandole a sus padres, el derecho a saberlo preocuparse y ayudarla. Sin entrar en disquisiciones morales ni políticas, solo como madre, me parece un disparate.
Duro tema. Pensare y callare .
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