- No soporto estas cosas. Tengo la sensación de tener delante una frase hecha.
- Lo ves. Eres la mujer de mi vida.
Topicazo 2.
- Vaya noche. Qué tío. Estuvimos cenando y me llevó a casa. Un cochazo por cierto. Le invité a subir y en el ascensor no pude resistirme. Le besé. No hace falta contarte el resto. Me han arreglado el cuerpo para un mes.
- ¿Volverás a quedar con él?
- No, no, ni hablar.
- Pues yo fui al cine, cenamos paseando por la calle. No tenía mucho apetito y compramos una hamburguesa. Me acompañó a casa. Tomamos una copa en la terraza. Y no te puedo contar mucho más porque me quedé dormida apoyada en su hombro.
- ¿Y se iría sin decir nada claro? Son todos iguales.
- No. Cuando desperté me encontré con el desayuno sobre la mesa. Y una nota suya. “Nos queda la vida entera” decía.
- No te fíes. Has dado con un estratega. Los peores.
- No te preocupes, mujer. Seguro que encuentras al hombre de tu vida cualquier día de estos.
Topicazo 3.
- Pues mira, estoy algo agobiado. No hace más que llamarme. Ya no sé qué decir.
- Pues la verdad. Quítate de en medio. Son todas unas pesadas. Yo no sé qué les dan.
- Lo ves, ya me está llamando otra vez. Espera un momento. Ahora vuelvo.
- Oye, me dijiste “ahora vuelvo” y me ha dado tiempo a tomar dos copas y medio kilo de frutos secos.
- Perdona, es que siempre hay que dejar una puerta abierta.
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