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21/4/10

Amor verdadero (3)


- Pero sor Ernestina ¿Cómo vienes con el hábito puesto? ¡Esto es una casa de citas!
- Don Inocencio, el amor lo puede todo, da fuerzas y valor, nada lo puede parar. Se lo he escuchado decir un millón de veces desde el púlpito, don Inocencio.
- Ernestina ¿tú eres tonta o qué te pasa? Ernestina, Ernestina, Ernestina. Bueno, qué le vamos a hacer. Ve tomando un baño y, mientras, reza alguna cosita. A ver si te pasa el atolondramiento.
- Pero don Inocencio, ¿qué hay de malo en mostrar mi amor? ¿Acaso no siente usted lo mismo por mí?
- Ernestina, al baño.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

24/9/06

No quiero ser como Napoleón


Escucho un disco de Count Basie. No sé porqué me ha parecido una buena elección. Quizás por ser música de antes, de hace mucho tiempo. Es igual.Pienso en que está de moda pedir perdón. Todo el mundo lo pide. Por lo que han hecho diez minutos antes, por lo que hicieron hace quinientos años otros que estaban en una posición similar, por lo que piensan hacer pase lo que pase, por esto, por aquello. Por nada. Empiezo a sospechar que más de uno inventa cosas con tal de pedir perdón. Se presentan excusas y se reciben con mala cara, como diciendo “bueno, vale, pero que sea la última vez que me estás enfadando mucho. Ten más cuidado”. Aquí todo el mundo pide perdón.Estoy a punto de sufrir un ataque de pánico. No he pedido perdón últimamente y me pregunto si me estoy convirtiendo en un ser extraño, ajeno a la sociedad, si me estaré convirtiendo en un monstruo. A lo mejor es que soy medio árabe porque ellos no han pedido excusas por los ocho siglos de invasión que sufrimos. Me he enterado de que se lo han echado en cara y nada. Ni por esas piden perdón. ¿Tendré algo que ver con Napoleón? ¿Seré como el emperador francés? Ni él ni nadie en su nombre han pedido perdón por la que lió en Borodinó. Lo que sí es un alivio es saber que Torquemada y yo no tenemos nada que ver. En nombre de esa alhaja de hombre sí que se han excusado. Qué majos.No sé, no sé. Qué preocupación, oye.El caso es que no quiero parecer un bicho raro. Si todos piden perdón será por algo. Tengo que pensar en todas mis miserias, airearlas y gritar muy, muy fuerte, lo mal que me siento por ser así. Después pediré perdón, así, de forma muy general para que cada cual se quede con la parte que crea que le corresponde. Es posible que sirva de algo. Con un poco de suerte los que tienen cuentas pendientes conmigo se quedan satisfechos y me dejan en paz. Mañana mismo pido perdón a todos los que tengo incluidos en mi lista de correo electrónico. Y, además, como no puedo llegar a todos les pediré que se lo manden a sus conocidos. Ya puestos, qué mejor que el perdón universal. Nunca se sabe. Con esto de internet podría ser que se lo estuviera pidiendo mañana mismo al presidente del gobierno o a Zaplana. Emocionante. Venga a pedir perdón una y otra vez. A millones de personas. Perdón, perdón, perdón.Seguro que alguien me contestará diciendo que no era necesario, que ya había olvidado aquello que pasó, que no tiene importancia. Y le tendré que contestar que sí, que las cosas son como son y que la mejor forma de arreglarlas es pidiendo perdón; que, en realidad, me la trae al pairo que tenga importancia o no, que lo que quiero es ser un sujeto integrado en la sociedad y que para eso hay que pedir perdón por todo. Y le volveré a pedir que me perdone, por favor. En estas cosas hay que mostrarse implacable.Mañana seré un tipo normal. Ya ha pasado lo peor. El pánico queda lejos. No hay nada mejor que medir el grado de ridiculez de las cosas para quedarse tranquilo.

4/8/05

Martirio o compromiso


Hay escritores que se martirizan pensando que no tienen nada que contar. Mal asunto. En realidad, la cosa no es grave si el problema se reduce a una confusión entre lo que significa construir una trama deslumbrante y, por otro lado, no tener una sola idea en la cabeza. Esto es algo que ocurre frecuentemente entre los jóvenes escritores. Creer que el escribir se reduce a eso, a contar la mejor de las historias, es un problema habitual, pero pasajero. Poco a poco, el que quiere ser escritor va percibiendo algo que comienza a pesar y termina siendo casi insoportable: el camino es el contrario al intuido, se trata de crecer como persona para llegar a ser un buen escritor (escribir una buena novela no nos dibuja con mejores trazos. No. Eso son invenciones de madres entusiastas). Se trata, en definitiva, de conseguir difuminar los límites de la realidad para que la ficción se adentre en ese territorio cercano e incomprensible, convirtiéndose en algo más de lo vivido por el lector, haciendo que buena parte de lo cotidiano se explique desde una perspectiva desconocida hasta ese momento. La literatura que “cala” es la que pasa a formar parte de la experiencia del que observa el texto como podría hacerlo con cualquier otra cosa. Con naturalidad y sin imposiciones de ningún tipo. Arrancando lo importante de cada palabra y haciéndolo suyo.
Y eso, el buen escritor lo puede palpar desde el primer día. Es algo que aprende leyendo, descubriendo en cada página que otros ya adquirieron un compromiso con ellos mismos y con sus lectores, lejano a las economías de escala editoriales o al retorno de su esfuerzo en forma de porcentajes.
Los escritores (los de verdad) siempre tienen algo que decir. Saben que no gustará y que, quizás, nadie se atreva a publicar lo que vayan escribiendo, pero eso es igual. El compromiso intelectual sigue vivo hasta la muerte física. Los que quieren ganar dinero escribiendo (¡Ja!) se atormentarán por siempre jamás porque una idea brillante no es lo mismo que una buena novela. Y si no tienen nada que contar, si no tienen una sola idea en la cabeza, pues mejor. De eso nos libramos los demás.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Count Basie - From Russia With Love