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17/4/10

La enorme fractura


El problema que se está generando con la posible prevaricación del juez Garzón no es lo que parece. En realidad, no creo que ni un cinco por ciento de los que opinan sobre ese asunto sepan valorar técnicamente qué ha pasado o qué ha dejado de pasar. El problema es otro bien distinto, un viejo asunto que sí nos sabemos en España, que se saben muy bien en Argentina, en Chile, en todos los países en los que quedó sin resolver.
Es fácil. Después de una guerra en la que se cometen todo tipo se salvajadas, después de un golpe de estado en el que se esconden los derechos fundamentales de la población y dejan de existir (los derechos y parte de la población), un país se quiebra en dos. Durante, un todo se retuerce buscando salida. Después, las partes se separan. Pasan los años y la fractura se hace mucho más severa. Los abusos por parte de unos se intensifican aludiendo a los abusos que cometieron los otros unos años atrás o unos siglos atrás. Eso es igual, sirve cualquier excusa. Pero llega el día en que se acaba eso y los que se sienten afectados, los que quieren recuperar sus derechos, los que se sintieron esclavos de unas ideas ajenas, los sometidos, deciden que es hora de poner las cosas en su sitio. Unos creen que tienen derecho a lo que les arrebataron y otros creen haberse ganado el derecho a seguir como estaban. La cosa se puede disfrazar de sistema democrático; de olvidemos lo que pasó porque lo pasado, pasado está; de cualquier cosa que suene bonita. Pero lo que no se puede disfrazar es lo que siente este que perdió a su padre, los años de sufrimiento que costaron pensar esto o aquello. Eso no se puede arrancar de cuajo a nadie. Todos creen tener razón. Incluso los que cometieron salvajadas en nombre de su propia falta de humanidad. Parece increíble, pero es cierto.
Lo curioso es que nadie quiere reconocer que la fractura la producen ambas partes. Unos con la arrogancia del vencedor, otros con la del perdedor. Unos a un lado, otros enfrente. Nadie se mueve ni un milímetro.
Pienso mucho en el pueblo alemán. Las salvajadas de los nazis marcaron a un pueblo entero. Pero bien pronto asumieron (ese pueblo entero) que esas salvajadas lo fueron, pero sin olvidar que durante la guerra murieron millones de alemanes inocentes, que sus ciudades fueron arrasadas sin compasión, sus mujeres violadas, y la vida de todos destrozadas. Pasó lo que pasó. Todo. No una parte a la que agarrarse para justificar esto o aquello.
Aquí, en España, seguimos donde estábamos. Dos españas. Dos odios profundos. Un enorme problema que no queremos soltar porque hemos hecho de ello nuestra forma de entender cada cosa que pasa en política, en la justicia, en el fútbol, en todo.
Que Garzón prevarique es algo que debe determinar un tribunal. Que España sigue quebrada es algo que tenemos que terminar viendo. Será difícil que los que hicieron dinero sean capaces de sentirse ladrones y aprovechados de miles de personas que las pasaban canutas, será difícil que alguien entienda que un ser querido muriera como un perro porque un salvaje agarró un arma y abusó sin piedad de todo aquel que no le fuera simpático, será difícil que alguien reconozca que su familiar hizo esto y por eso los otros hicieron aquello. Será difícil que asumamos nuestra humanidad. Somos personas y esto es el resultado de lo que hacen eso, personas.
Los países están en manos de políticos que demuestran, a diario, su grado de corrupción, su manipulación para que un pueblo entero viva aterrorizado (¿recuerdan la gripe A que se llevaría por delante a millones de personas?), demuestran que sólo su interés es el bueno. Se mezclan políticos y jueces y periodistas. Y muchos les siguen buscando un sentido a lo que sucede cuando el sentido sólo se encuentra en uno mismo, en lo que piensa y en lo que es capaz de asumir como propio.
Mientras el mundo esté en manos del interés particular de unos pocos, el mundo será una enorme fractura.
Creo que sería muy sano que todos pensáramos que siempre hay un porqué. Siempre. Y que hay que buscar uno común.
España se consume en sus dos partes. No porque Garzón prevarique sino porque nadie quiere reconciliarse con el que tiene enfrente. Ni consigo mismo. Más patriota que esa postura reconciliadora no se me pasa por la cabeza. Pero entiendo que eso al algo muy difícil de conseguir. ¿Por qué? me pregunto muchas veces. Creo que hay dos cosas fundamentales que nadie quiere mirar. Yo nací en mil novecientos sesenta y cuatro. Crecí y me encontré con la España democrática siendo muy joven. Y comprendo todo esto que digo. Lo comprendo y creo firmemente en ello. Pero, cuando lo comprendo y lo creo, siento que lo hago pisando la cabeza de millones de muertos. La del abuelo de mi mujer que murió fusilado en Paracuellos o la de los padres de Hilda Farfante que murieron por pensar diferente y arrojados a una fosa común. Pienso y comprendo para construir y los cimientos no lo soportan. Por otra parte, la forma de sentir de los que lo vivieron se tendría que quedar en eso, en una experiencia personal , única, y nunca hacer de ella una forma de vivir construida para alguien que no conoció una situación tan lamentable.
Reconozcamos lo que toca. Y toca decir que todas las muertes fueron inútiles, infamantes, horribles. Dejemos que los que vienen por detrás no se pudran con el pasado. No nos consumamos sumergidos en tanta mierda.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Concha Buika - Se me escapan las palabras






17/3/10

Peligro: se escribe


Llega la primavera. Y, con ella, mi alergia. Ya están aquí.
Cojo un vaso. Me fatigo. Voy a la nevera. Me fatigo. Un asco. Nunca en mi vida había tomado medicinas para sobrellevar algo tan incómodo. Esta vez, sí. En dos días me ha dejado (la alergia) completamente destruido. Hay cosas que no perdonan, que no saben hacerlo.
Entre estornudo y estornudo, entre picor de nariz y carraspeo de garganta, entre lágrima (sin emoción alguna, llena de polen) y un movimiento cansado, leo un ensayo de Baricco. Los bárbaros. No es nada del otro mundo, pero me entretiene lo suficiente. Ligero, muy adecuado para el trasporte urbano o para un jovencito que quiere descubrir el mundo o para alguien con una alergia asesina sobre él.
Baricco es un autor engañoso. Muy maltratado a veces. Parece que lo que escribe (me refiero a la narrativa) es facilón, carente de una calidad definitiva que algunos enseñan dictando la primera frase aunque creo –de verdad lo creo- que no es así. Ni mucho menos. Detrás esa literatura tan aparentemente ligera quedan cosas sin decir aunque están; sus libros son, técnicamente, exquisitos (alguien con ganas de aprender el oficio debe echar un vistazo a novelas de ese estilo). Podría parecer que la literatura de Baricco es la oficial de peluquerías y talleres literarios baratuchos, podría parecer un autor menor dedicado a los best sellers apañados. Sí podría parecerlo. Y ver así lo que escribe sería una injusticia colosal.
Trabaja con un vocabulario muy reducido y, al mismo tiempo, muy contenido; evita las imágenes salvo que sean estrictamente necesarias, huye de los recursos estilísticos que en otras novelas aparecen tras el escaparate de la horterada (un recurso utilizado sin ton ni son es lo más penoso que se me ocurre si hablamos de literatura). Y esto no es otra cosa que narrar lo complejo de forma fácil. Muy distinto a escribir de forma facilota y ventajista. Es más, conseguirlo es muy costoso.
Me agrada leer a Baricco por muchas razones. Sobre todo por su honestidad al escribir. Ni quiere parecer lo que no es ni lo pretende. Sabe cuál es su sitio y se encuentra muy a gusto en él. Creo yo que le encanta.
Estornudo, toso, me agoto. Escribo sin ganas, dejo de hacerlo del mismo modo. La primavera llega. La alergia. No perdonan. Como tampoco lo hacen con Baricco (algunos). Ya se sabe que el gran mal del escritor actual es la envidia insana. Si ve algo que funciona arremete con intención de derribarlo, aludiendo a que él sería capaz de hacerlo mucho mejor, que todo es una injusticia, un gran error. Arremete en nombre de los grandes de todos los tiempos aunque no escriba ni postales (este se suele dedicar a la crítica literaria siendo joven y luego escribe cualquier cosita y pasa al grupo anterior). Ni un minuto para escribir. Todo el tiempo del mundo para envidiar destruyendo. Es esto de escribir una profesión que alguien sensato debería declarar de alto riesgo. Entre los destructores y los advenedizos y los escritores que no escriben y los que dicen que son escritores sin serlo, esto se ha convertido en un lugar insoportable.
Voy a seguir estornudando. Un rato nada más. Hoy toca descansar pronto.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Concha Buika - Ay de mi primavera






17/2/10

Nombres (19)


Ane.

- Veo que conservas la sonrisa. Te has hecho mayor, pero te da igual. Tú a lo tuyo.
- No creas. La he recuperado para venir a verte.
- ¿Eres razonablemente feliz?
- Sí, aún no me he enamorado de nadie.
- Ya. Bueno, dime, ¿de qué es lo que querías hablar?
- De cualquier cosa que me haga pensar que todo esto tiene sentido, que la vida es algo más de lo que veo.
- Pues recordemos alguna de nuestras viejas charlas.
- Excelente, al fin y al cabo eso es lo que cuenta.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Concha Buika - Se me escapan las palabras






13/2/10

Dudas razonables


Caminan despacio. Ella con los brazos cruzados sobre el pecho. Él con las manos agarradas a la espalda. Miran al suelo uno, al frente la otra.
- ¿Me has echado de menos?
- ¿Debo decir la verdad? Ni siquiera sé si quieres saberlo. Además ¿Importa algo lo que ha pasado antes de este instante?, es ahora cuando alza la vista, gira la cabeza y observa el rostro de la mujer.
- Si importa más o menos es irrelevante. Necesito saber.
- Nunca extrañé tanto, nunca estuve tan ausente, dice el hombre mirando, otra vez, al suelo.
- ¿Por qué no llamaste?, le mira apretando los dientes. Se niega la posibilidad de un llanto estúpido.
- Necesitaba saber.
- ¿Qué pasará ahora?, dice aflojando la fuerza de las mandíbulas.
- Ya sabemos. Toca olvidar lo que fuimos, dice mientras se detiene.
- Podríamos perdernos de nuevo, ella continua caminando.
- Eso ya no importa. Conocemos el camino de vuelta. El dolor jamás se olvida, camina nuevamente, un paso por detrás de ella.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

Concha Buika - Nostalgias






13/12/09

Nombres (6)

Núria.

Sabe que el mundo espera de ella esto y aquello. Y se lo entrega sin demora.
Sabe que lo que necesita para ser feliz es esto otro. Lo tiene cerca aunque nunca lo agarra. No alcanza a comprender la razón.
Quizás por eso el mundo sigue pidiendo. Desea y tiene.
Quizás por eso ella tiró la toalla hace mucho tiempo. Desea y sueña.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

28/11/09

Medio universo


Siente una enorme preocupación. Se ajusta el nudo de la corbata levantando ligeramente la barbilla. Duda. Todo lo que alcanza a ver se convierte en una acuarela. Silencio para el resto del tiempo por vivir, piensa. Hoy se puede acabar todo. Ajusta de nuevo el cinturón dejando la hebilla justo en el centro, donde ha de estar. Echa un último vistazo a los zapatos. No brillan tanto como quisiera.
Hay objetos, personas, rostros, algunos olores y un buen número de cosas improbables que le arrastran a territorios olvidados por muchos años. Un instante de ida y vuelta. Apenas el tiempo que tarda en querer anclar el pensamiento sin poder y dejar pasar la sensación. Sólo ocurre alguna vez que otra.
Hoy ha vuelto a pasar. La mirada pendiente de encontrar, sin saber que llegaría a un lugar que nunca pudo vivir. Extraño. Como prender la luz en un espacio desconocido con el tiempo justo para echar un vistazo, fijar la imagen y hacer el camino de vuelta con una venda en los ojos. Sin posibilidad de regresar. Nunca más.
Territorios olvidados. Otro que nunca podrá olvidar. Ni volver a sentir. Su propia imagen estallando, convertida en millones de momentos que se aprietan, unos contra otros.
La muchacha caminando despreocupada. El pelo suelto. Sólo unas pequeñas trenzas que van desde las sienes a la nuca. Sonríe pensando en algo que compartirá con otro. Le recuerda de inmediato a esa mujer que tanto buscó. No sabe por qué, pero sabe que es ella. Nunca más.
Ya no hay marcha atrás. La chaqueta perfecta. La camisa perfecta. Todo lo es. Pero esa imagen no desaparece. También lo es.
Alguien le llama. Ha de darse prisa. Te espera medio mundo, corre. Escucha y piensa en que la otra mitad del universo lo perderá pronto, que nadie espera de ese lado. Cierra los ojos y mueve la cabeza con rapidez, negando. Toma aire, todo el que puede. Expira con fuerza y sale de la habitación. Sonríe tanto como puede, igual que si el universo entero le esperase bajo el pórtico.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano