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5/5/10

Decidir


Hay que tomar una decisión. Por mucho que hayas pensado, por más vueltas que dieses durante horas o días, la decisión es cosa de un instante. Sí o no. Esto o aquello. Me quedo o continúo. Un instante y tu vida es otra, te quedas atrás para ser nuevo, el resto es ahora o tremendamente antiguo. No, sí, dudo. No te pegues un tiro que ya me lo pego yo por ti. Decidimos. Morimos. Nacemos. Nos convertimos en un recuerdo. Volvemos a ser. Desaparecemos. Matamos. Un instante. Una vida detrás. Lo incierto por delante.
Un gesto, un ataque de humildad, pura soberbia o ira. Da igual lo que te domine en ese momento. La decisión se toma igual. Y la vida cambia igual. Y morimos un poco igual, errando o acertando. Renunciamos sin saber porqué, pero lo hacemos. Señalamos el lugar equivocado intuyendo que nada tendrá solución, pero extendemos el dedo porque toca jugar a la vida.
Un instante. Una decisión. La espalda o un abrazo. Y así llegamos a ser.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

blue mitchell - How Deep Is The Ocean






30/3/10

Diferencias de pareja


Con cada grano de arena que cae, la parte baja del reloj se completa. Con arena. Y con la memoria que ahora falta. Todo se desliza despacio. Rozando grano con grano. Recuerdo con recuerdo. Lo poseído ya no está. Nada aguanta el roce del tiempo. Ni siquiera él mismo.
Remuevo lo que queda de arena intentando que algunos de los recuerdos se muevan más lentos, con descuido, hasta el conducto de los segundos. Pero siempre se escapa este o aquel. El nombre de alguien, algún lugar visitado, lo que pasó aquel día que tú sí reconoces en algún hueco intacto. Y eso nos distancia. Ahorramos recuerdos sabiendo (cada cual los que puede) que todo debe caer junto a la arena de un reloj que nadie podrá voltear por siempre jamás. La única forma posible de ser de nuevo uno, mezclados recuerdos, arena y cenizas. La única forma de recuperar lo que fuimos, sin pérdidas que hagan inexacta nuestra existencia.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

blue mitchell - I Should Care






27/3/10

Tratos (1)


- ¿Por qué quiere matarme? ¿Qué le he hecho a usted? No nos conocemos de nada.
- Soy un sicópata. No necesito razones. Y deja de hablar que me estás poniendo de mala leche.
- Sí, sí tiene razones. ¿Le pegaron en el colegio cuando era pequeño y gordo? ¿Tal vez la tiene tan enana que no se la encuentra? ¿Su madre no le quería?
- Joder, la cantidad de películas para anormales que ponen en la tele. No sigas por ese camino. Es al revés, hombre, deberías decirme cosas para tranquilizarme, o para hacerme sentir mal y que me viniera abajo. Así lo que vas a conseguir es que te meta una ensalada de hostias y te tenga vivo más de lo que desearás cuando empiece mi trabajito.
- ¿Hacemos un trato?
- Me parece bien, pero te diré yo en que va a consistir. Si abres la boca te corto un dedo, uno por palabra. Y si estás callado acabo contigo rapidito.
- Está como una puta cabra.
- Un trato es un trato. Deja de moverte, coño, no vas a romper la cadena, idiota. Así, con la cinta en la boca no volverás a meter la pata. ¿Cómo decías? Ah, sí, está como una puta cabra. Si no me fallan las cuentas son cinco palabras. Este primero. Ahora sí que piensas que estoy loco, ahora. ¿Duele? Pues verás el anular lo que supone. Eso retuércete. Estás poniendo todo perdido. Vamos a ver esos pies. Este. Y ahora este. Y, por fin, este gordote. Ya te he dicho que yo no necesito razones para hacer estas cosas. Y que me estabas cabreando. Mañana vuelvo. Ya verás como se te han quitado las ganas de decir tonterías.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

blue mitchell - I`ll Close My Eyes






30/9/06

Escucharse


Llevo todo el día intentando que alguien me escuche. Es desesperante. Pon eso en su sitio, no grites más, ¿te importaría dejar de hacer el capullo? ,lávate las manos, y bla, bla, bla. Así durante horas y nadie parece oír nada de lo que digo.Una de las torturas que tiene que sufrir un padre de familia es escucharse a sí mismo durante horas diciendo cosas que, en realidad, le importan un bledo; repetir hasta el aburrimiento lo mismo. Lo peor es saber que lo dicho no sirve de nada. Casi nada estará donde uno quiere, los niños gritarán enfadados o jugando a ser un superhéroe, seguirán haciendo el capullo a tu alrededor (eso niños y adultos), se limpiarán las manos donde les venga en gana, y bla, bla, bla.Por eso, para sobrevivir sin perder la razón, es necesario fabricar refugios. La lectura o la escritura cuando los pequeños duermen; un grado de abstracción descomunal si estás con adultos que insisten en hablar de hipotecas, de la mili o de lo mona que iba la marquesa del porompompero a la boda del príncipe Oswaldo (mientras que los niños gritan a tu alrededor, los tuyos y los suyos, claro); y una paciencia infinita que inventas cada cinco minutos y se acaba cada seis.Si algo me parece aburrido es escucharme decir la misma cosa un millón y medio de veces. Es insoportable y me saca de mis casillas. A veces pienso que es una de la razones por la que escribo. Al fin y al cabo, cuando uno de tus personajes hace o dice algo, lo que está pasando es que le colocas en una situación que sí te interesa por la razón que sea. Es un momento en el que todo se reduce. Te encuentras a solas con un ser de ficción que va a cometer una fechoría o un acto heroico después de que le digas lo que piensas sobre el asunto. Es verdad que el resultado no tiene porqué coincidir con lo que tenías en mente justo antes de escribirlo. Los personajes son muy suyos y hay que dejar que tomen sus propias decisiones. Pero también es verdad que, aunque no hagan caso, sólo se lo dices una vez. No te obligan a repetir lo mismo que dijiste un minuto antes. Ni te contestan diciendo que las hipotecas han vuelto a subir. Es la ventaja de leer o de escribir. Si encuentras algo en un sitio que no te gusta, si los personajes gritan de forma absurda, si son unos capullos o te aburren, un solo gesto es suficiente para acabar con el problema. Cierras el libro o tachas una frase o dejas la estilográfica sobre la mesa. Aunque te arriesgas a salir del despacho y encontrar los calcetines del mayor en el pasillo o a Guzmán gritando porque le acaban de afanar un juguete.La oscuridad se multiplica por el cansancio. Hoy, ni lectura ni escritura. Me voy a preparar un té, voy a tumbarme en el sofá del salón para escuchar algo de música y trataré de disfrutar con el silencio. Sin escucharme.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

blue mitchell - Cry me a River






14/9/05

La espera


El tiempo cura las heridas. Todas. Si pasa y no es así es que estás muerto. A medida que los segundos se acumulan sobre la palma de la mano, cuando ya no sabes qué hacer con las sobras de ti mismo, te sorprende haber aprendido a sentarte junto a una muerte amarga que se llevo lo que más querías. La misma que te dejó un regusto anejo entre los dientes es compañera de viaje, para siempre. Te miras las cicatrices que dibujan extrañas formas de un color nervioso. Nadie más que tú sabe sostener ese peso de una línea ancha y deforme que te pertenece, señal perpetua de las horas gastadas saboreando el zarpazo. Caminar junto a la muerte, soñar, reír, cualquier cosa que hagas. Y el tiempo frotando la espalda dañada. Y la muerte en la alacena arañando el vidrio frágil, esperando a caminar delante de ti para que llegue el momento del descanso. Y se funden. El tiempo restando, la otra apartando el velo opaco.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

blue mitchell - Sweet Pumpkin