
Hay que tomar una decisión. Por mucho que hayas pensado, por más vueltas que dieses durante horas o días, la decisión es cosa de un instante. Sí o no. Esto o aquello. Me quedo o continúo. Un instante y tu vida es otra, te quedas atrás para ser nuevo, el resto es ahora o tremendamente antiguo. No, sí, dudo. No te pegues un tiro que ya me lo pego yo por ti. Decidimos. Morimos. Nacemos. Nos convertimos en un recuerdo. Volvemos a ser. Desaparecemos. Matamos. Un instante. Una vida detrás. Lo incierto por delante.
Un gesto, un ataque de humildad, pura soberbia o ira. Da igual lo que te domine en ese momento. La decisión se toma igual. Y la vida cambia igual. Y morimos un poco igual, errando o acertando. Renunciamos sin saber porqué, pero lo hacemos. Señalamos el lugar equivocado intuyendo que nada tendrá solución, pero extendemos el dedo porque toca jugar a la vida.
Un instante. Una decisión. La espalda o un abrazo. Y así llegamos a ser.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano
blue mitchell -










