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10/5/10

Adivinadoras (2)


Las dos mujeres suben charlando sobre lo apasionante del futuro. Una es repetidora, casi asidua. La otra acude por primera vez. Sólo quiere ver cómo es el sitio, la mujer que mira la bola, escuchar su voz.
Apenas esperan. La pitonisa le cuenta el futuro. Le desea mucha suerte y que se cumpla todo lo que ella ha visto.
- Venga, te animas.
- No, no. Mejor lo dejamos para otro día.
- Te lo pago yo, mujer. Es un momento.
La pitonisa mira el cristal. Con un gesto inesperado cubre la bola trasparente con un paño de colores vivos. Dice que no se puede concentrar. Parece nerviosa. Las dos mujeres se levantan con intención de irse. La pitonisa escribe en un papel. Se lo entrega a la mujer que se estrena. No lo abras hasta llegar a casa, le dice.
Las mujeres se despiden. Un par de besos. Mira como se va jugueteando con el papel que ha guardado en el bolsillo. Quiere tomar un taxi. Uno libre en la acera de enfrente. Levanta la mano, adelanta un par de pasos sin mirar. Los frenos del camión rechinan. Un golpe seco.
El médico forense busca entre la ropa de la mujer. Un collar, una cartera. Un papel. Doblado. Deshace los pliegues. Lee. No hay futuro, dice la única frase escrita con letra irregular.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

gato barbieri - europa






22/2/10

Nombres (20)


R.

Mira tan lejos como puede desde lo alto de una tarima. Siente lejos a todos los demás. Ni siquiera es capaz de percibir sus contornos. La distancia es enorme, piensa, soy una diosa.
Cuando escucha las pisadas sobre su cabeza tiene la certeza de llegar tarde. Sobre una cúpula enana los demás pisotean lo poco que es. Y, llena de rabia, llora prometiendo no perdonar a los que han sido capaces de estar allí, a los que nunca sabrán de su grandeza.
Desde la tarima sigue sin verse nada. Nadie.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

16. gato barbieri - europa






11/1/10

Tú eliges


Proyectan una película sobre el techo de la habitación. Guardan silencio, apenas se mueven.
Qué poco me gustan estos dadaístas. Pero, ojalá no acabase nunca, piensa él.
Esto de las buenas amistades es lo peor que me ha podido pasar, piensa ella.
Acaba la película. Se incorporan y la comentan brevemente. Él tiene prisa, ya no llega.
- ¿Quieres venir mañana? Pero esta vez eliges tú. (“El último tango en París”, piensa mientras le da la cartera y el abrigo)
- No, no, me gusta mucho este tipo de cine (“El último tango en París”, esa sería perfecta, piensa agarrando el pomo de la puerta para salir).
Se despiden. Dos besos en las mejillas.
Él baja corriendo por las escaleras. Ella escucha el ruido de las pisadas apoyando la espalda en la puerta. Ya se ha ido. Se acerca a la nevera. Una cerveza. Suena el timbre de la puerta. Él, apoyando la mano izquierda en el marco de la puerta, doblando la cintura y respirando rápido.
- Joder, con las escaleritas, dice con la voz entrecortada. Oye, mejor una de Brando. Y si puede estar ambientada en París mucho mejor.
Vuelve a correr escaleras abajo. Y ella, con la cerveza en la mano, escucha las pisadas. Esta vez con la puerta abierta. Inmóvil.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano