
- ¡Es delicioso! Me recuerda al guiso que hacía mi madre los domingos. Un poco de carne, patatas, pimiento, cebolla y una pizca de sal. Y el punto secreto. Una cucharada de tomate. Si estaba frito mejor. De verdad que está buenísimo.
- Pero ¿se puede saber qué dices? Estás comiendo lentejas. Me tienes harta con tanto recuerdo y con tanta madre para aquí y para allá. Harta del todo.
- Pues yo creo que deberías ponerte contenta. Mi madre era una cocinera excelente.
- ¿Quieres más, amor?
- ¿Qué haces? Joder, a qué viene eso, me has puesto perdido. Madre mía.
- No pasa nada, los recuerdos no dejan mancha. Gilipollas.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

























