Mostrando entradas con la etiqueta Teté Montoliú. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teté Montoliú. Mostrar todas las entradas

4/12/09

Literatura


No se me ocurre nada peor que encontrarte con alguien, pensar que es un buen momento para contarle algo que te preocupa y que se dedique a decir lo que quiere escuchar él sin importarle un comino lo tuyo. Eso es el aburrimiento en su máxima plenitud.
Sólo cuando decides guardar silencio sobre algo y encuentras a un amigo por el camino con el que terminas hablando de eso, sólo en esas ocasiones, las charlas se hacen inolvidables y divertidas.
Hablar sin ton ni son es cosa que puede hacer cualquiera con cualquier otro. Escuchar con calma sólo lo puede hacer un verdadero amigo. Nadie más.
Cambien personas por libros, charlas por textos, y tendrán una idea muy aproximada de lo que puede ser la literatura. O un libro en el que se cuentan historietas.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano

5/7/09

El recuerdo del pianista ciego


Conocí a Tete Montoliu hace muchos años. Fue en el colegio de ciegos de Madrid, el que está en el Paseo de La Habana. Allí trabajó durante muchos años mi padre como profesor de gimnasia. El pluriempleo que se arrima a las familias numerosas le llevó hasta aquel lugar.
Montoliu era un hombre amable y cercano. Se dejó caer por allí para asistir a la clausura del curso académico. Creo recordar. Ahora, después de tanto tiempo, escucho Where are you, un magnífico tema compuesto por Mac Hugh e interpretado por el pianista ciego, y recuerdo cómo me desordenó el pelo a modo de saludo. Ese día presidía el acto el mismísimo Francisco Franco. Solía ir alguna que otra vez para retratarse con los chicos ciegos. Ponía cara de pena, le fotografiaban y salía pitando. Supongo que alguna imagen apareció en el NODO. No lo sé.
Y aquí estoy. Fumando y escuchando su música. Después de tantos años, recordando ese gesto de su mano izquierda buscando la cabeza del chiquillo que era yo, una frase de elogio para mi padre y un señor bajito vestido de militar caminando muy rápido y rodeado de un montón de gente al que no se me tenía que ocurrir acercarme.
El recuerdo es así de curioso, de caprichoso. De algo enorme nos quedamos con un pequeño detalle, nunca con lo que no entra con cierta perfección en la memoria. De otro modo sería imposible poder sentir esa extraña sensación que causa ver, tocar u oler algo o a alguien. Si tuviera que resumir, por ejemplo, cómo ha sido este sábado tendría que recurrir a eso, a pequeños detalles que rodeasen el todo.
La vida de cada cual se resume en cuatro o cinco detalles. Los cuatro o cinco momentos que resumen lo que eres, lo que dejaste de ser y la intención de futuro. Cuatro o cinco. Pocos más. Lo demás lo eliminas por una cuestión de higiene vital. La mochila debe ir cargada con lo estrictamente necesario si no quieres convertirte en un museo decadente de tu propia existencia.
Recordar es saber que la vida ha servido de algo. Tanto si fue agradable como si te hizo sufrir, aquello te dibujó con algo más de nitidez. Y saberlo, poder sentir de nuevo aquello, hace que puedas cerrar los ojos para seguir pensando en los recuerdos que llegarán en el futuro.
Fumar y recordar un pequeño detalle. Y después continuar anotando en la memoria lo que ha de sustituir a lo que se convierte en accesorio. Un día más, quizás un recuerdo menos, los trazos propios mejor dibujados. O borrados para siempre. Nunca se sabe.

6/10/07

Guerra de guerrillas


La mentira siempre ha estado asentada cerca del ser humano. Sospecho que, entre otras, es una de las puertas que se debe abrir para que aparezca la conciencia de los niños. Entrar en sociedad es saber que la mentira existe, que puede liberarte de las consecuencias de un conflicto (aunque sólo sea de forma momentánea), que distingues entre lo que parece bueno y malo. Todos mentimos. Alguna vez lo hacemos.Mentimos para no hacer daño, para hacerlo, para parecer más de lo que somos, incluso para parecer menos. Mentimos sin saberlo, a nosotros mismos, sin justificación alguna, por miedo o por diversión. Cada cual sabrá lo que hace.Sin embargo, una forma de mentira es temible, sucia y lesiva hasta más no poder. Es la que tiene que ver con cómo se cuentan las cosas. Omitir un detalle importante sabiendo que existe, dejar caer algo aunque no estés seguro de si es así o no (siempre se sabe que no es así, pero algo de confusión generas en el que escucha), ir sembrando de interpretaciones erróneas lo que uno ha dicho o hecho. Es tan temible como común en la sociedad actual. Y da miedo porque esa fórmula se justifica sin grandes problemas, se acepta como una regla más del juego. Es la trinchera en la que nos encontramos a los que se saben llenos de complejos y tratan de acabar con otros intentando que las cosas se igualen en la ignorancia o en las limitaciones propias del que terminará fracasando haga lo que haga. Por ejemplo, ¿hay mejor forma de colocar a un hijo que es medio gilipollas en la empresa? Lo que hay bueno te lo cepillas diciendo barbaridades, creando dudas, planteando los asuntos de forma ventajista, llenas la empresa de pobrecitos que no tienen otro sitio al que acudir y dirán que sí a todo, arropas al niño que no quisieron en ningún otro lugar y ya tienes todo preparado. Para que tu hijito trabaje pareciendo algo y para que la empresa se desmorone antes o después. Más antes que después. El mundo se ha convertido en un paraíso para los que llevan la maledicencia a cuestas. Ya lo dije de internet. Pero en las empresas, también, medran un batallón de mediocres que quieren ser los reyes de los que ven siendo ellos los ciegos. Entre los que crees que son amigos aparecen capullos que parecen divertirse intentando enredar las cosas y haciendo añicos amistades viejas. En la vida política que se ha llenado de bobos a los que les gustaría hacer uso de un poder que se reduce a eliminar todo aquello que les hace sombra. A dañar para salir ilesos.Y siempre sin dar la cara. Desde la trinchera. Cobardes y necios. Pobres idiotas que no saben que lo único que consiguen es ganar algo de tiempo para naufragar más allá del punto de no retorno.Una lástima. Y lo peor de todo es que creo no haber mentido ni un poquito en estas líneas.
© Del Texto: Gabriel Ramírez Lozano